Pensó en la Eucaristía estando en la eternidad de Dios

En Dios no hay primero o segundo, no hay sucesión, ya que Él es el instante eterno. En Él es «todo uno y lo mismo», salvo la oposición relativa, que distingue las Personas. Y Dios es uno en grado sumo, o sea, como Ser y como indiviso, ambas cosas competen a Dios. Es el Ser subsistente (no determinado por una naturaleza que lo reciba) y, de todo punto de vista, ilimitado. No puede ser dividido ni en acto ni en potencia, porque de ninguna manera admite división, ya que es absolutamente simple.

Es en el tiempo dónde podemos considerar la sucesión de momentos, y hablar de primero o de segundo, pero en Él, no.

Por eso es que, cuando en breve hablaremos de «primero o segundo», será en cuanto a nuestro modo humano de pensar, con el fin de hacernos entender y de establecer en cierto orden, pero sin pretender afirmar que así suceda en Dios.

1.       La salvación para todos los hombres.

Dios sabe, y ya lo tiene decidido, que se hará hombre para morir en la cruz para salvarnos de nuestros pecados, que ha de resucitar y que luego de 40 días (el Convito de los Apóstoles) subirá al Cielo; pero la salvación que Él obraría debía llegar a todos los hombres de todos los tiempos.

2.       Otras naturalezas humanas.

Así como Él quiso tomar hipostáticamente una naturaleza humana para ser igual a nosotros –menos en el pecado-, decidió elegir otras naturalezas humanas, pero no en unión hipostática, para que realizasen el oficio de llevar esa salvación obrada por Él a todos los hombres,  todos los pueblos, a toda geografía, a todos los tiempos. Son sus Apóstoles y sus sucesores (Obispos y presbíteros): «Yo os elegí…» (Jn 15, 16); «Id por todo el mundo» (Mt 28, 19); «Haced esto…» (Lc 22, 19; 1Co 11, 24.25). E instituyó la Eucaristía y el sacerdocio católico, cosas ya decididas desde toda la eternidad, desde que Dios es Dios.

3.       Su presencia.

«Me voy…» (Jn 14, 2), pero no del todo, porque, de hecho: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). ¿Cómo voy a estar con vosotros hasta el fin del mundo?

Estaré presente con vosotros hasta el fin del mundo[1] en:

a. Mi Palabra, La Biblia: «es Él quien habla».

b. Mi Liturgia: – En el Sacrificio de la Misa:

  • En la persona del ministro.
  • Bajo las especies Eucarísticas.

–          Por el poder de los sacramentos: Horacio bautiza, « es Cristo quien bautiza» (San Agustín).

–          En Su oración: «Donde dos o tres estén reunidos, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 20).

–          En su gobierno:      

  • Pedro: «lo que ates en la tierra…lo que desates…» (Mt 16, 19).
  • Los Obispos y sacerdotes: «el que os escucha a vosotros a mí me escucha…» (Lc 10, 16); «el que recibe a quien yo envíe, a mí me recibe» (Jn 13, 20).

 4.       Para regenerar el mundo caído en pecado tiene que crear otro mundo

Ese mundo nuevo será un mix. Tendrá elementos del primer mundo creado: sea sustancias corporales como agua, aceite, pan, vino; sea acciones sensibles tales como la imposición de manos, actos del penitente y de los cónyuges, la palabra hablada.

Pues, «se unen las palabras al elemento y se hace el sacramento»[2]. El mundo nuevo es el mundo sacramental, o sea, los 7 sacramentos específicos y el sacramento de la Iglesia en sentido lato, «Sacramento universal de salvación»[3] .

5.       Pero su presencia no será, jamás, un mero recuerdo

Él quiere quedarse con los suyos verdaderamente, no como una foto, o una pintura; realmente, no en una mera fe subjetiva de alguna persona; y sustancialmente, no sólo en los efectos, sino, además, como causa de los mismos. Pero, ¿qué hará? Su Cuerpo estará a la derecha del Padre en su figura propia, pero a su vez, quiere quedarse verdaderamente con nosotros, ¿Cuál será la solución? Se quedará en la tierra en figura ajena ‒sub specie aliena‒,  bajo el signo sacramental y eficaz, de pan y de vino en su Cuerpo y en su Sangre, por sus propias palabras «es mi Cuerpo…es mi Sangre» y por el infinito poder del Espíritu Santo. Como dice San Hilario: «Es lo que no era, se ve lo que no se comprende, y sólo queda creer que dios puede hacer todas las cosas»[4].

6.       ¿Por qué esas especies y no otras?

Porque quiere quedarse como comida sólida y bebida líquida, como es el alimento nuestro terreno, corporal. Por eso quiere dejarnos su Cuerpo y su Sangre. Incluso Él, ya al comienzo de su ministerio, cuando hace la predicación del Pan de Vida va a delinear explícitamente, a grandes rasgos, lo que es el misterio de la Eucaristía. «Mi carne es verdadera comida, mi sangre es verdadera bebida» (Jn 6, 55). Es decir, el misterio de la doble consagración, porque no es un alimento que sea solamente alimento sólido, sino que es alimento sólido y bebida líquida.

7.       Tiene alguna otra razón

Quiere significar eficazmente que la Misa es sacrificio. De tal modo hace esto que esa misma doble consagración produce de hecho, por el acto inmolativo eucarístico, lo que es la perpetuación del sacrificio de Cristo en la cruz. No sólo ha de ser banquete, ha de ser sacrificio también. Cosa que dice en el sermón del Pan de Vida porque habla del Pan que dará la vida al mundo. Esa «vida al mundo» según los exégetas, se refiere a la Eucaristía como sacrificio[5].

Entonces, todo lo que Él piensa desde toda la eternidad acerca de la Eucaristía, todo establece realizarlo en un tiempo determinado y en la forma determinada por su infinita Sabiduría y realizarla por su infinito Poder. Ya tenía determinado, por ejemplo, de no estar presente con su figura propia en este mundo, iba a quedarse en este mundo pero de otra manera, bajo figura ajena, bajo la especie de pan y vino. Bajo la especie de pan y de vino en la presencia real, bajo la especie de pan y de vino en la continuidad de vida, bajo la especie de pan y de vino, al sacrificio. Siempre con «su humanidad impersonalizada en el Verbo de Dios»[6] y como «Christus passus».

«El único sacrificio de la redención en el múltiple rito de la Misa se dilata, pero no se multiplica; se comunica, pero no se disipa; en contacto con lo múltiple, no se disgrega, sino que se agrega[7] […] hecho coextensivo a todos los tiempos y a todos los lugares, los unifica»[8].

8.       La maravillosa multiplicidad de ritos manifiesta un aspecto grandioso

Lo dijo, admirablemente, Juan Pablo II en su viaje apostólico por Ucrania: «Aquí se confrontan y se enriquecen mutuamente el sentido profundo del misterio, que domina la Sagrada Liturgia de las Iglesias de Oriente, y la mística esencialidad del rito romano».

9.       El milagro hace cortejo, «no con nuevo milagro, sino con el ya realizado»

Y qué decir de la maravilla de los distintos estados del Cuerpo y Sangre de Cristo en la Eucaristía, qué decir del «nuevo misterio»[9], de los estupendo que es por razón del sacramento y lo que es por razón de la concomitancia, del estupor por lo que pertenece a la sustancia y por lo que pertenece a los accidentes –estos, por milagro, sin sujeto de inhesión-, la grandiosidad de la transustanciación, la multiplicación de la presencia sacramental del único sacrificio cruento de Cristo, lo que es por modo de sustancia y lo que es por modo de cantidad, la unidad, el milagro y el misterio, etc.

Canta Santo Tomás de Aquino en el himno «Lauda Sion», Secuencia de Corpus Christi[10], aspectos de este gran misterio:

Es dogma de fe que bajo el pan y el vino, está el cuerpo y la

Sangre del señor.

11. Siendo dogma, el fiel no duda

que en sangre el vino se muda

y la hostia en carne divina.

Verdad que defendemos por ser sobrenatural, aunque

los sentidos o nuestra inteligencia humana nos engañen.

12. Lo que ni ves no comprendes

con fe valiente defiendes

por ser preternatural.

Bajo signos y accidentes, hay un gran milagro.

13. bajo especies diferentes

sólo signos y accidentes,

gran portento oculto está.

Cristo entero bajo cada especie está.

14. Sangre, el vino es, del Cordero;

carne el pan; más Cristo entero

bajo cada especie está.

No está dividido, ni le falta algo, ni está partido.

15. No en pedazos dividido,

ni incompleto, ni partido,

sino entero se nos da.

Millones lo comen entero y no pierde el ser.

16. Uno o mil su cuerpo tomen,

todos entero comen,

ni comido pierde el ser.

Lo reciben bueno y malos, con defecto desigual.

17. Recíbelo el malo, el bueno:

Para éste es de vida lleno,

Para aquel manjar mortal.

18. vida al bueno, muerte al malo,

da este manjar regalado.

¡Oh qué efecto desigual!

Se parte el signo, pero no la sustancia;

Como miles de banderas celestes y blancas significan la única

Patria Argentina y no la dividen.

19. Dividido el sacramento,

no vaciles un momento,

que encerrado en el fragmento

como en el total está.

En la sustancia no hay división, sólo en el signo, ni aumenta ni

disminuye su cuerpo.

20. En la cosa no hay fractura,

la hay tan sólo en la figura,

ni es su estado ni estatura

detrimento al cuerpo da.

 «La obra maestra de Dios es Jesucristo, y la obra maestra de Jesucristo es su Iglesia y su religión. Pero lo que hay más grande, más santo más augusto en Jesucristo, es su Iglesia y en la religión cristiana es el sacerdocio y el sacrificio de Jesucristo»[11].

Enseña Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia, que «Jesús quiso que la inmensidad de este amor quedase grabada en los más profundo del corazón de los creyentes. En la Última Cena, después de celebrar la Pascua con sus discípulos y a punto de pasar de este mundo al Padre, instituyó este sacramento como memorial perpetuo de su Pasión, como realización de las antiguas figuras, como el mayor milagro que había hecho y el mayor consuelo para aquellos que dejaría tristes con su ausencia»[12].

Y Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia: «Pues, si cuando andaba en el mundo, de sólo tocar sus ropas sanaba enfermos, ¿qué hay que dudar qué hará milagros estando tan dentro de mí, si tenemos fe, y nos dará lo que le pidiéramos, pues está en nuestras casa? Y no suele Su Majestad pagar mal la posada, si le hacen buen hospedaje»[13].

10.   «El sacramento se recibe; el sacrificio se ofrece»[14]

¿Cómo Cristo ofrece su sacrificio en cuanto Sacerdote principal? «La Misa consiste esencialmente en la oblación inmolativa, que se realiza en la consagración de ambas especies. Ahora bien, la consagración…es acción del mismo Cristo, pues el sacerdote consagra la Eucaristía, hablando  in persona Christi, dice: “(…) es mi cuerpo (…) es mi sangre”. De ahí que sea el mismo Cristo quien sirviéndose del sacerdote ministerial, realiza la oblación sacrificial… Cristo hombre concurre actual e inmediatamente como instrumento unido a la divinidad, consciente y libre, a todas y cada una de las consagraciones o transustanciaciones que en la Iglesia se verifican y se verifican hasta el fin de los siglos. Cristo ve en el Verbo con su ciencia beatífica y conoce perfectamente por su  ciencia infusa todas y cada una de las Misas, y las quiere todas y todos sus efectos. Así como conoce y quiere todos los sacrificios eucarísticos que celebran sus sacerdotes humanos, así también los ofrece como sacerdotes principal no por sucesivos actos de oblación, sino por un solo acto interno oblativo sin innovación ni sucesión. Esta oblación, que sin interrupción continua, es la misma oblación del sacrificio de la cruz sin la modalidad del mérito; ahora es solo aplicativa del mérito y satisfacción del sacrificio de la cruz»[15].

¿Cómo lo ofrecen los sacerdotes ministeriales?

El sacerdote visible ofrece a la Víctima como ministro e instrumento separado de la divinidad, por razón del poder recibido del sacramento del Orden Sagrado. En la doble consagración ofrece 1°. La Víctima Divina, Jesucristo nuestro Señor; 2°. Se ofrece a sí mismo: 3°. Ofrece, por medio suyo, los sacrificios espirituales de todos los bautizados y personas de buena voluntad; 4°. Junto con todos los bautizados y hombres de buena voluntad ofrece todas las Misas que se celebran por día en el mundo, por razón del voto del bautismo, que podrían ser alrededor de 40.000, incluyendo las divinas Liturgias orientales, y, también, las de los ortodoxos, ya que tienen Episcopado y eucaristía válidos.

¿Cómo lo ofrecen los sacerdotes bautismales? Ofrecen por manos del sacerdote visible sus sacrificios espirituales y junto con él todas las ofrendas de la Víctima Divina.

Todo esto lo sabe y lo ve dios desde toda la eternidad. Como conoce la disposición de todos y cada uno de los participantes de cada Misa y el grado de ese participación «consciente, activo y fructífera»[16], «plena»[17], «interna y externa»[18].

11.   Sin la Misa el universo se desconcertaría absolutamente.

¡Cuántas cosas buenas vemos todavía en este mundo, a pesar de los graves problemas que lo aquejan! Esas cosas buenas que subsisten a pesar de tanto mal, existen gracias al hecho de que se ofrecen tantos sacrificios latréuticos, de acción de gracias, de propiciación, de impetración, al dios vivo y verdadero. Todo lo cual es conocido y querido desde la eternidad y por toda la eternidad por Aquél que dijo de sí: «Yo soy (=Yahvé) me envía a vosotros» (Ex 3, 14).

Así lo enseñaron los santos: «Sin la santa misa ¿qué sería de nosotros? Todos aquí abajo pereceríamos, ya que únicamente eso puede detener el brazo de Dios. Sin ella, ciertamente, la Iglesia no duraría y el mundo estaría perdido y sin remedio» (Santa Teresa de Jesús).

«Yo creo que si no existiera la misa, el mundo ya se hubiera hundido en al abismo, por el peso de su iniquidad. La misa es el soporte que lo sostiene» (San Leonardo de Puerto Mauricio).

Decía San Pío de Pietrelcina: «Sería más fácil que el mundo sobreviviera son el sol, que sin la Santa Misa…La Misa es infinita como Jesús…pregúntele a un Ángel lo que es la Misa, y él les contestará, en verdad yo entiendo lo que es y por qué se ofrece, mas sin embargo, no puedo entender cuánto valor tiene. Un Ángel, mil Ángeles, todo el Cielo, saben esto y piensan así»[19]


[1] CONCILIO VATICANO II, Constitución Sacrosanctum Conciliun, n° 7.

[2] S. AGUSTÍN, In Ioh. Tr., 80, 3, cf. Tr. 15, 4; sermo De mis., 3; SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., III, q. 60, a. 6: «Accedit verbum ad elementum, et fit sacramentum».

[3] CONCILIO VATICANO II, constitución dogmática Lumen gentium, n°48.

[4] Explicando el milagro de la multiplicación de los panes.

[5] Cf. L. –CL. FILLION, La Saint Bible, París 1921, t. VII, 511.

[6] J. RATZINGER, El Misterio de Dios, Madrid 1993, 35.

[7] L. THOMASSIN, De Incarnatione,  1.10, c.21.

[8] L. THOMASSIN, De Incarnatione,  1.10, c.17.

[9] SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., III, q. 77, a. 5, corpus.

 

[10] Traducción del R. P. Andrés Azcárate, OSB.

[11] C. DE CONDREN, L´idee du sacerdoce et du sacrifice de Jésus-Christ, Paris 1901, XXXIV.

[12] La traducción que ofrecemos la tomamos de SANTO TOMÁS DE AQUINO, Sermón para la Fiesta del Corpus Christi, en obras completas, Madrid 2000.

[13] SANTA TERESA DE JESÚS, Camino de perfección, en Obras Completas,Madrid 2006, 384.

[14] SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., III, q. 79, a. 5, corpus.

[15] Cf. G. ALASTRUEY, Tratado de la Santísima Eucaristía, Madrid 1951, 343 -344.

[16] CONCILIO VATICANO II, Constitución Sacrosanctum Concilium, n° 11.

[17] CONCILIO VATICANO II, Constitución Sacrosanctum Concilium, n° 14.

[18] CONCILIO VATICANO II, Constitución Sacrosanctum Concilium, n° 19.

[19] Cf. S. GAETA, Padre Pío sulla soglia del Paradiso, Cinisello Balsamo, 78.

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