Inmaculado Corazón de María

La segunda aparición de Nuestra Señora, también en Cova de Iría, puso de manifiesto lo que sería la misión de los tres pastorcitos, particularmente la misión de Lucía, a quien la Virgen le reveló la salvación de su alma y su misión en la tierra «por algún tiempo». En esta aparición la Virgen hizo una gran promesa, y tuvo palabras muy consoladoras. Uno de los relatos de Lucía, la Memoria IV, lo narra así:

«–¿Qué quiere de mí?, le pregunté.

–Deseo que vengáis aquí el trece del mes próximo, que recéis el rosario todos los días y que aprendáis a leer. Después diré lo que quiero.

Pedí la curación de un enfermo.

–Si se convierte, se curará dentro de este año.

–Quería pedirle que nos llevara al cielo.

–Sí, a Jacinta y Francisco los llevaré pronto; pero tú te quedarás aquí algún tiempo más. Jesús quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar. Él quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón.

–¿Y me quedo sola?, pregunté con pena.

–No, hija. ¿Tú sufres mucho? No te desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios.

Al decir estas últimas palabras abrió las manos y nos comunicó, por segunda vez, el reflejo de aquella luz tan intensa. En ella nos veíamos como sumergidos en Dios. Francisco y Jacinta parecían estar en la parte que se elevaba hacia el cielo y yo en la que se esparcía por la tierra. Delante de la mano derecha de Nuestra Señora había un corazón rodeado de espinas que parecía se le clavaban por todas partes. Comprendimos que era el Inmaculado Corazón de María ultrajado por los pecados de los hombres y que pedía reparación»[1]29.

Destaco algo muy interesante. Esta segunda visión habla de la misión de los tres pastorcitos en la Iglesia: Jacinta y Francisco desde el cielo, Lucía desde la tierra. La Virgen le reveló a Lucía la salvación de su alma, pero le dijo que debería quedarse por «algún tiempo». Ese «algún tiempo» fueron 87 años. Cuando tuvo la aparición, Lucía era la mayor, y tenía 10 años. Murió a los 97 años, cumpliendo su misión que, ciertamente, fue del todo singular. También hay que tener en cuenta que se trata de la principal de los videntes de Fátima, porque era ella quien hablaba a Nuestra Señora. Francisco solo la veía y Jacinta no habló durante las seis apariciones.

Respecto de esta misión, Lucía cuenta en otro lugar de sus Memorias:

«En la segunda aparición, trece de Junio de 1917, Francisco se impresionó mucho con la comunicación del reflejo que, como ya dije en el segundo escrito, fue el momento en que dijo Nuestra Señora: “Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios”. Parecía que en el momento no comprendía los hechos, quizá por no haber oído las palabras que los acompañaban. Por eso preguntaba después:

–¿Para qué estaba Nuestra Señora con un corazón en la mano derramando por el mundo esa luz tan grande que es Dios? Tú estabas con Nuestra Señora en la luz que descendía a la tierra y Jacinta conmigo en la que subía al cielo.

–Es que, le respondí, Jacinta y tú vais enseguida al cielo, y yo me quedo con el Inmaculado Corazón de María algún tiempo más en la tierra.

–¿Cuántos años te vas a quedar?, preguntaba.

–No sé, bastantes.

–¿Fue Nuestra Señora quien te lo dijo?

–Sí. Y yo lo vi en esa luz que nos puso en el pecho.

Jacinta confirmaba eso mismo diciendo: “, es así. Yo también lo vi”. Otras veces decía: “Esta gente se queda tan contenta solo porque les decimos que Nuestra Señora mandó rezar el rosario y que fueses a la escuela. ¡Qué sería si supiesen lo que ella nos mostró en Dios, en su Inmaculado Corazón, en esa luz tan grande! Pero eso es secreto, no se les dice. Es mejor que nadie lo sepa”»[2].

«“Ya me falta poco para ir al cielo. Tú te quedas aquí para decir que Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María. Cuando haya que decir eso, no te escondas. Di a toda la gente que Dios nos concede las gracias por medio de ese Corazón Inmaculado; que se las pidan a Ella, que el Corazón de Jesús quiere que a su lado se venere el Corazón de María. Que pidan la paz a este Inmaculado Corazón porque Dios se la entregó a Ella. ¡Si yo pudiera meter en el corazón de toda la gente la lumbre que tengo aquí en el pecho quemándome y haciéndome gustar tanto de los Corazones de Jesús y de María!”»[3].

Lucía siguió hasta el fin de sus días cumpliendo su misión, de difundir la devoción al Inmaculado Corazón y también, de ser testigo de la veracidad de los anuncios recibidos de la Virgen, particularmente de la famosa tercera parte del secreto, que en parte se refiere al Santo Padre. La misión de Lucía no ha concluido porque los santos tienen misiones póstumas, como no ha concluido

la actualidad del mensaje de Fátima. Fue una alegría muy grande para mí poder observar de cerca la felicidad de Sor Lucía en la beatificación de sus primitos, que tanto se querían entre sí, compañeros inseparables en sus juegos, y mucho más en su «misión».

P. Carlos Buela, “Fátima ¡…Y el sol bailó…!”.

[1] SOR LUCÍA, «Memoria IV», en A. M. MARTÍNS (ed.), El futuro de España en

los documentos de Fátima, 134–135.

[2] SOR LUCÍA, «Memoria IV», en A. M. MARTÍNS (ed.), El futuro de España en

los documentos de Fátima, 105–106.

[3] SOR LUCÍA, «Memoria III», en A. M. MARTÍNS (ed.), El futuro de España en

los documentos de Fátima, 93.

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