Del Camino Real de la Santa Cruz

Sermón predicado el 14 de septiembre de 2007,

fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz,

en la Iglesia de Santa Lucía (Segni), Roma.

El camino real es, en un primer sentido, el construido a expensas del Estado, más ancho que los otros, capaz para carruajes y que ponía en comunicación entre sí poblaciones de cierta importancia. La segunda acepción es el medio más fácil y seguro para la consecución de algún fin. En el primer sentido es como si dijésemos ahora: autopista; espressway; autostrada; rodoviaria; autoroute; schnellstrabe…; en el segundo, la cruz es el medio más fácil y seguro para ir al Cielo.

1. Parece un lenguaje duro.

Esta palabra parece dura a muchos, que dice: Niégate a ti mismo, toma tu cruz (Mt 16,24) y sigue a Jesús. Mas muy más duro será oír aquella última palabra: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno (Mt 25,41). Por cierto, los que ahora oyen y siguen de buena voluntad la palabra de la cruz, no temerán entonces oír la palabra de la eterna condenación; la señal de la cruz estará en el cielo cuando nuestro Señor vendrá a juzgar. Entonces todos los siervos de la cruz, que se conformaron en la vida con Jesucristo crucificado, se llegarán a El con gran confianza. Pues así es, ¿por qué temes tomar la cruz, por la cual vas al reino?

2. La cruz encierra grandes bienes.

En la cruz es la salud y la vida. En la cruz es la defensa de los enemigos. En la cruz está la infusión de la suavidad soberana. En la cruz es la fortaleza del corazón. En la cruz está el gozo del espíritu. En la cruz está la suma virtud. En la cruz está la perfección de la santidad. No está la salud del alma ni la esperanza de la vida eterna sino en la cruz.

3. Hay que llevar la cruz: Todo está en ella.

Toma, pues, la cruz y sigue a Jesucristo, e irás a la vida eterna. Él vino primero, y llevó su cruz, y murió en la cruz por ti, porque tú también la lleves y desees morir en ella. Porque si murieres juntamente con El, vivirás con El. Y si fueres compañero de la pena, serlo has también de la gloria. Mira que todo está en la cruz, todo está en morir en ella, y no hay otra vía para la vida y para la verdadera y entrañable paz, sino la vía de la santa cruz y continua mortificación. Ve donde quisieres, que no hallarás más alto camino en lo alto, ni más seguro en lo bajo.

4. Siempre encontrarás la cruz.

Dispone y ordena todas las cosas según tu parecer y querer, que no hallarás sino que has de padecer algo por fuerza o de grado, y así siempre hallarás la cruz. O sentirás dolor en el cuerpo, o tribulación en el espíritu; a veces te dejará Dios, a veces te perseguirá el prójimo. Y lo que peor es, muchas veces te descontentarás de ti mismo y no serás aliviado con ningún remedio ni consuelo: mas conviene que sufras hasta cuando Dios quisiere: porque quiere Dios que aprendas a sufrir la tribulación sin consuelo y que te sujetes del todo a Él y te hagas más humilde con la tribulación.

5.   Sufrir te une a la pasión de Cristo.

Ninguno siente así de corazón la pasión de Cristo como aquel a quien sufre cosas semejantes. Así que la cruz siempre está preparada y te espera en cualquier lugar. No puedes huir dondequiera que fueres: porque por más que huyas, llevas a ti contigo (‘te ipsum tecum portas’) y siempre hallarás a ti mismo. Vuélvete arriba, vuélvete abajo, de dentro y de fuera, que en todo hallarás cruz. Y es muy necesario que en todo lugar tengas paciencia si quieres tener paz interior y merecer perpetua corona.

6. Llévala de buena voluntad.

Si de buena voluntad llevas la cruz, ella te llevará y guiará al fin deseado, adonde será el fin del padecer, aunque aquí no lo sea. Si contra tu voluntad la llevas, te cargas más y se te hace más pesada: y todavía conviene que lo sufras. Si desechas una cruz sin duda hallarás otra, y puede ser que más grave.

7. Nadie puede escapar de la cruz.

¿Piensas tú escapar de lo que ninguno de los mortales pudo? ¿Quién de los santos fue en el mundo sin cruz? Nuestro Señor Jesucristo, por cierto, en cuanto vivió, no estuvo una hora sin dolor de pasión. Porque convenía que Cristo padeciese y resucitase de los muertos, y así entrar en su gloria (Lc 24,26). Pues ¿cómo buscas tú otro camino sino este camino real de la santa cruz? Toda la vida de Cristo fue cruz y martirio, y tú ¿buscas para ti holganza y gozo?

8. La cruz fecunda cuanto toca.

Yerras, yerras si buscas otra cosa sino sufrir tribulaciones: porque toda vida mortal está señalada de cruces, y cuanto más altamente alguno aprovechare en el espíritu, tanto más graves cruces hallará muchas veces: porque la pena de su destierro crece más por el amor. Mas este tal así afligido de tantas maneras, no está sin remedio de la consolación: porque siente el gran fruto que le crece por llevar su cruz. Porque cuanto más se sujeta a la cruz de su voluntad, tanto más la carga de la tribulación se convierte en confianza de la divina consolación. Y cuanto más se quebranta la carne por la tribulación, tanto más se esfuerza el espíritu por la interior consolación.

Y algunas veces, tanto es confortado del afecto de la tribulación y adversidad por el amor de la conformidad de la cruz de Cristo, que no quiere estar sin dolor y tribulación: porque se tiene más acepto a Dios cuanto más y más graves cosas pudiere sufrir por Él. Esto no es virtud humana, sino gracia de Jesucristo, que tanto puede y hace en la carne débil, que lo que naturalmente siempre aborrece y huye, lo acometa y ame con fervor de espíritu.

9. Es por la gracia que se ama la cruz.

No es según la humanidad llevar la cruz, amar la cruz, castigar el cuerpo y ponerlo en servidumbre, huir las honras, sufrir de grado las injurias, despreciarse a sí mismo, y desear ser despreciado, y sufrir toda cosa adversa con daño, y no desear cosa de prosperidad en este mundo.

Y si miras a ti, no podrás por ti cosa alguna de éstas: mas si confías en Dios, Él te dará fortaleza del cielo, y hará que te obedezca el mundo y la carne, y no temerás al diablo si fueres armado de fe y señalado de la cruz de Jesucristo. Aparéjate a sufrir muchas adversidades y diversos daños en esta miserable vida, y así será contigo Jesús dondequiera que fueres, y de verdad que hallarás a Jesús dondequiera que te escondieres.

10. Nos conviene sufrir.

Así te conviene, y no hay otro remedio para escapar el dolor y la tribulación de los males sino sufrir. Bebe con el deseo el cáliz del Señor si quieres ser su amigo y haber parte con Él. Encomienda a Dios las consolaciones, y haga su divina Majestad lo que más le pluguiere. Y tú dispón tu voluntad a sufrir las tribulaciones y estimarlas por grandes consolaciones: porque los padecimientos de este tiempo no son nada en comparación con la gloria que ha de manifestarse en nosotros (Rom 8,18), aunque tú solo pudieses sufrirlas todas. Cuando llegares a esto, que la tribulación te sea dulce por amor a Jesucristo, piensa que te va bien, porque hallaste paraíso en la tierra. Cuando el padecer te parece grave y procuras de huirlo, cree que te va mal: y dondequiera que fueres te seguirá el rastro de la tribulación.

Si te dispones a hacer lo que debes, conviene a saber, a sufrir y morir, a la hora te hallarás mejor y tendrás paz. Y aunque fueses arrebatado y llevado hasta el tercer cielo con San Pablo, no estarás ya por seguro de no sufrir alguna contradicción. Que nuestro Señor dijo hablando del mismo San Pablo: Yo le mostraré cuantas cosas le convendrá padecer por mi nombre (Hch 9,16). Pues luego el padecer te queda, si quieres amar a Jesús y servirle para siempre.

11. Es una gracia sufrir algo por Cristo.

Pluguiese a Dios que fueses digno de padecer algo por el nombre de Jesucristo. ¡Cuán grande gloria te quedaría! ¡Cuánta alegría darías a los santos de Dios! ¡Cuánta edificación seria para el prójimo! Ciertamente, todos loan la paciencia, aunque pocos quieren padecer. Con razón deberías sufrir algo de grado por Cristo, pues hay muchos que sufren más graves cosas por el mundo. Sabe de cierto que te conviene morir viviendo: cuanto más muere cada uno a sí mismo, tanto más comienza a vivir a Dios. Ninguno es suficiente a comprender cosas celestiales si no se abaja a sufrir adversidades por Jesucristo.

12. Es lo que más agrada a Dios.

No hay cosa a Dios más acepta y no hay cosa para ti en este mundo más saludable que padecer muy de buena voluntad por Jesucristo. Y si te diesen a escoger, más deberías desear padecer cosas adversas por Jesucristo que ser recreado de consolaciones: porque en esto parecerías más a Jesucristo y serías más conforme a sus santos.

13. Si hubiese algo más útil, Cristo nos lo habría enseñado.

Que, cierto, no está nuestro merecimiento ni la perfección de nuestro estado en muchas consolaciones y suavidades, mas en sufrir grandes pesadumbres y tribulaciones. Porque, si alguna cosa fuera mejor y más útil para la salud de los hombres que sufrir adversidades, por cierto Cristo lo hubiera enseñado por palabra y ejemplo; mas Él manifiestamente amonesta a sus discípulos y a todos los que desean seguirle, que lleven la cruz, y dice: Si alguno quisiere venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame (Mt 16,24).

Así que, leídas y bien escudriñadas todas las cosas, sea ésta la postrera conclusión: que por muchas tribulaciones nos conviene entrar en el reino de Dios (Hch 14,22).

¡Nos lo recuerde Quien sufrió la cruz de pie!


[1] Tomás de Kempis, Imitación de Cristo, Libro II, c.12. Traducción de San Juan de Ávila (BAC Madrid 2001), t. II, 923-925. (Con alguna adaptación).

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