Ataques contra la familia

Nos ha tocado vivir en un mundo especialmente corrupto y corruptor de la familia, y puede ser que, al paso que vamos, aún aumente más su poder destructor de la misma.

Debemos luchar a brazo partido para que la degeneración, el pansexualismo, la inmoralidad, la pornografía, el erotismo, dejen de tener carta de ciudadanía en nuestra patria.

No sabemos si, a corto plazo, triunfaremos en el nivel nacional, pero sí sabemos que podemos y debemos comprometer todas nuestras energías para que los enemigos tradicionales de la familia católica célula de la sociedad e Iglesia doméstica, no destruyan la nuestra. Y esto está en nuestro poder, con la gracia de Dios, que no nos ha de faltar.

Debemos decidirnos, sin ningún temor, a convertir nuestras familias en bastiones inexpugnables. En general, no depende directamente de nosotros limpiar la patria y la Iglesia de las lacras que las afean, pero sí depende de nosotros el defender a capa y espada, contra todos los embates, esa trinchera vital que es cada uno de nuestros hogares católicos.

Dios nos ayudará si hacemos lo que depende de nosotros. Para ello creemos necesario dos cosas:

a) En primer lugar, conocer, desenmascarar y refutar a los enemigos tradicionales de la familia católica.

Los Romanos Pontífices, que han reconocido y marcado a fuego a estos enemigos, los han estigmatizado con estas palabras:

1. EL LAICISMO, que con sus “leyes impías…(ha profanado) la dignidad del matrimonio cristiano”[1].

2. EL COMUNISMO y el SOCIALISMO, cuyo objeto principal es “manchar y depravar con los errores más perniciosos y toda manera de vicios el alma tierna y dúctil de los jóvenes”[2], en base a cuyos principios “es preciso que se relaje la potestad del padre sobre la prole y los deberes de la prole para con el padre,”[3] privando “a la persona humana de toda dignidad y de todo freno moral contra el asalto de los ciegos instintos”[4].

3. La MASONERÍA, que ha buscado quitar a la familia “su base y constitución religiosa, proclamando el así llamado matrimonio civil… (y la enseñanza) totalmente laica”[5].

4. El INDIFERENTISMO RELIGIOSO y la INCREDULIDAD MODERNA, que hacen sentir a las familias “las torturantes consecuencias”[6].

5. La VIDA LICENCIOSA, causa de que muchas veces se haya “olvidado el honor en que debe tenerse a la autoridad paterna”[7].

6. EL DESEO INMODERADO DE PLACERES, que “es la peste más funesta que se puede pensar para perturbar las familias”[8].

7. EL ESTATISMO, del que se derivan los serios peligros del “desconocimiento, de la disminución y de la progresiva abolición de los derechos propios de la familia”[9].

8. EL NATURALISMO ECONÓMICO o LIBERALISMO, por obra del cual “la convivencia familiar tiende gradualmente a desaparecer”[10] y que al abonar salarios insuficientes impide que “le alcance (al trabajador), para llevar una vida humana digna y para afrontar convenientemente las responsabilidades familiares[11].

9. La MODERNA FILOSOFÍA, que hace que algunos “trabajen con todas sus fuerzas para que no solamente los individuos, sino también las familias y la sociedad entera, desprecien soberbiamente el imperio de Dios”[12].

10. EL ONANISMO CONYUGAL, porque usar de las relaciones matrimoniales “destruyendo su significado y su finalidad, aun sólo parcialmente, es contradecir la naturaleza del hombre y de la mujer y sus íntimas relaciones, y, por lo mismo, es contradecir también el plan de Dios y su voluntad”[13].

11. El CINE, en cuya pantalla no pocas películas se presentan de acuerdo con la ironía y el escepticismo hacia la institución tradicional de la familia, exaltando sus extravios y, sobre todo, lanzando sutiles y frívolos desprecios a la dignidad de los esposos y de los padres;”[14] presentando una concepción inmoral del matrimonio que, “ha quitado al hombre el respeto por la mujer y a la mujer el respeto por sí misma”[15].

12. La TELEVISIÓN, que por amenazar “los diques saludables con los que la sana educación protege la tierna edad de los hijos”[16], de tal manera destruye que “no se podría imaginar cosa más fatal para las fuerzas espirituales… que puedan sacudir y arruinar para siempre toda una construcción de pureza, de bondad y de sana educación individual y social”[17].

Agregamos nosotros: ¿habrá algo que exalte más la codicia, la ira, la comodidad, el mundanismo, la venganza, la impureza y la violencia −vicios todos diametralmente opuestos al espíritu de las bienaventuranzas evangélicas− que la televisión en particular y los medios de comunicación social en general? Hoy, muchos hijos ven y oyen más a la TV que a sus padres. Así saldrán: serán hijos… de la TV.

Debemos defender nuestras familias de todos estos, sus enemigos que, por muy grandes, poderosos y extendidos que sean, nunca podrán más que Dios:

“Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Rom 8,31).

Aunque nos tocase vivir en el tiempo del Anticristo, tenemos preparada la mejor defensa en la Pasión de Cristo, como enseña Santo Tomás de Aquino:

“Siempre los hombres tienen preparado por la Pasión de Cristo el remedio para defenderse de la maldad de los demonios, incluso en el tiempo del Anticristo. Si algunos descuidan valerse de este remedio, esto no dice nada en contra de la eficacia de la Pasión de Cristo”[18].

b) En segundo lugar, dada la mayor influencia negativa que el mundo ejerce hoy en día sobre nuestras familias, hay que fortalecer e intensificar la tarea educativa, mucho más que antes.

Por un lado, dando los padres ejemplo de vida cristiana auténtica −particularmente, con el cumplimiento del precepto dominical, la frecuencia de los sacramentos y la defensa de la sana doctrina−, ya que por lo general los hijos serán lo que los padres sean. Y es evidente que los padres que den mal ejemplo “no se atreven a corregir a los suyos de los pecados de que se reconocen reos”[19].

Por otro lado, educándolos con corrección y disciplina. De quienes descuidan este deber, dice San Alfonso:

“Aun cuando el padre o la madre viviesen devotamente y se dieran a continuas oraciones y a comuniones diarias, con todo, si dejan de lado la educación de los hijos, Dios pronunciará un día contra ellos sentencia de condenación”[20].

Los padres deben luchar pare que sus hijos no frecuenten malas compañías: “Las malas compañías corrompen las buenas costumbres” (1 Cor 1 5,33). Y controlar todo lo que se les enseña en los colegios, los libros que leen, los lugares que frecuentan.

Todo es poco, tratándose de la formación de quienes serán el futuro de la patria y de la Iglesia.

Y así, en la más cumplida subordinación a la naturaleza y a los fines del matrimonio y familia católicos, hemos de promover en cada una de nuestras familias la sana autoridad paterna y materna, la generosidad en la transmisión de la vida, y el respeto a la jerarquía del amor, cooperando con la gracia dada en el santo sacramento del Matrimonio, que, al decir de San Roberto Belarmino: “es como la Eucaristía, que no solamente es sacramento mientras se confecciona, sino todo el tiempo que permanece”[21].

En este difícil tiempo de la historia de la Iglesia y de la patria, cada una de nuestras familias debe comprometer su honor en no conculcar ninguno de los principios cristianos, forjadores de las gestas más grandes y más nobles de que el mundo tenga memoria, porque formaron todos los grandes santos, de los cuales “el mundo no era digno” (Heb 11,38).

No tengamos ningún temor. La Santísima Virgen María, como otrora en Caná de Galilea, está dispuesta a realizar uno y mil milagros si fuera necesario para el bien de nuestras familias y ha de alcanzarnos la gracia de Dios para que escuchemos y sigamos a Nuestro Señor Jesucristo, porque es el único que tiene palabras de vida eterna.


[1]León XIII, Inscrutabili Dei consilio, op. cit., p. 221.

[2] Pío IX, Quanta Cura, op. cit., p. 157.

[3] León XIII, Quod Apostolici Muneris, op. cit., p. 228.

[4] Pío XI, Divini Redemptoris, op. cit., p. 1484.

[5] León XIII, Ab Apostolici Solii, op. cit., p. 411.

[6] León XIII, Vigesimo quinto anno, op. cit., p. 652.

[7] Pío XI, Ubi arcano Dei, op. cit., p. 1005.

[8] Pío XI, Ubi arcano Dei, op. cit., p. 1007.

[9] Pío XII, Summi Pontificatus, op. cit., p. 1543.

[10] Juan XXIII, Mater et Magistra, op. cit., p. 2381.

[11] Juan XXIII, Mater et Magistra, op. cit., p. 2393.

[12] León XIII, Arcanum Divinae Sapientiae, op. cit., p. 248.

[13] Pablo VI, Humanae Vitae, n 13.

[14] Pío XII, El film ideal, op. cit., p. 1464.

[15] Pío XII, discurso 22-3-42, op. cit., p. 1446.

[16] Pío XII, Miranda Prorsus, op. cit., p. 2175.

[17] Pío XII, I rapidi progressi, op. cit., p. 2176.

[18] Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, III, 49, 2, ad 3m.

[19] San Alfonso María de Ligorio, Obras ascéticas, BAC, t. II, p. 910.

[20] San Alfonso María de Ligorio, op. cit., p. 906.

[21] Cit. por Pío XI, Casti Connubii, op. cit., p. 1258.

2 Respuestas a “Ataques contra la familia

  1. defender la familia es dificil si ella es atacada desde dentro de su propia familia.¿como defenderla cuando esta dividida en si misma? ,aparte de la oración continua

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