Cristo Rey del Universo

 

Lo declaró Él con palabras bien claras, de tal manera que cuando Pilatos pregunta: ¿Entonces tú eres rey?, Él responde: Tú lo dices (Jn 18,37).

1.       ¿Por qué razones Cristo es Rey? 

Jesús es Rey por varios motivos:

En primer lugar, es Rey porque es Dios, y Dios es absolutamente dueño de todas las cosas, de todas las personas, de todos los pueblos, de todos los hombres y mujeres. Es Él el que ha creado a cada hombre y mujer, ha creado el alma espiritual e inmortal de todos ellos.

En segundo lugar, Nuestro Señor Jesucristo no solamente es Rey porque es Dios, sino que es Rey aun en cuanto hombre, y es Rey porque el Padre Celestial le ha dado dominio sobre todas las cosas, como dice el Evangelio de San Juan o como hemos escuchado en la segunda lectura, cuando se dice que Cristo es el alfa y la omega, el principio y fin.

Cristo, además, es Rey en cuanto hombre por el derecho de conquista, de rescate, porque es Él el que derramó su sangre en la cruz para redimir a todos los hombres, por tanto cada hombre ha sido redimido al precio infinito de la sangre de Cristo. Es por eso que, para nosotros, todo hombre y toda mujer tienen un valor infinito, aun aquellos que no tienen plena capacidad, como los chicos de nuestros hogarcitos. Todo hombre tiene un alma y por esa alma murió Cristo en la cruz, y por eso cosa hermosa es asistir a Cristo en los más pobres de los pobres.

2.       ¿Cómo reina Cristo en nosotros? 

Y ¿cómo es que Cristo quiere reinar en nosotros? Reina en nosotros en nuestra inteligencia. ¿Y cómo reina Cristo en nuestra inteligencia? Reina en tanto y en cuanto nosotros aceptamos la verdad revelada, la verdad que en última instancia es Él: Yo soy la verdad (Jn 14,6). ¿Y en dónde más quiere reinar en nosotros? Reina sobre nuestra voluntad libre, en tanto y en cuanto se sujete, se someta libremente a la voluntad de Él, sujeción que es vivir en plenitud la caridad, por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. De tal manera que si uno ve un alma que vive la caridad, en esta alma está reinando Cristo.

Por eso es que donde se juega el reino de Cristo es, en primera instancia, en cada uno de nosotros; somos cada uno de nosotros los que debemos trabajar para que Él reine cada vez más en nuestra inteligencia, rechazando todo lo que no sea Él −de manera particular el espíritu del mundo− trabajando para que reine siempre en nuestra voluntad viviendo la caridad tal como Él la vivió.

3.       Muchos no quieren que Cristo reine 

Pero en estos tiempos, especialmente, pareciera que se cumple aquello del salmista: ¿Por qué se amotinan las naciones y traman los pueblos proyectos vanos? … contra el Señor y contra su Mesías (Sl 2, 1.2). Lo hemos visto y lo seguimos viendo y esto hasta el cansancio. En estos momentos, en nuestra Patria y a nivel mundial, sobretodo en los medios de comunicación social, hay un ataque despiadado a la Iglesia Católica en la persona del Papa, de los Obispos, de los sacerdotes y en la persona de las religiosas.

A muchos les molesta el testimonio de la castidad, de la pobreza, de la obediencia, les molesta porque son las tres cosas que van justamente en contra de lo que este mundo apetece desmedidamente. Apetece el placer, el tener y el poder, de cualquier forma. Por eso no puede entender la penitencia, no solamente la penitencia exterior, ni siquiera la penitencia interior entienden.

Este mundo que nos toca vivir es un mundo consumista donde la gente cree que es más el que tiene más, cree que quien tiene más dinero es más, entonces no puede entender el testimonio nuestro de la pobreza, de que vivamos colgados de la Divina Providencia, no lo puede entender. Ni tampoco puede entender este mundo tan infatuado en sí mismo, tan esclavo de sí que incluso se cree creador de las cosas, no puede creer que haya almas que quieran sujetarse en todo, renunciando hasta la voluntad propia por amor del Señor, que fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz.

Y esta obra contra el Señor y contra su Mesías, en última instancia es una obra satánica, porque quiere que Cristo no reine. Esta guerra contra Cristo Rey no solamente afecta a las personas consideradas de manera individual, sino que afecta a las personas en lo que es su manifestación social, pública, en esa suerte de persona multiplicada que es la sociedad. En esto desde hace siglos que viene trabajando la masonería, para que Cristo sea ignorado en los lugares donde se decide la paz y la guerra, para que Cristo sea ignorado en los lugares donde se educa la inteligencia y el corazón del hombre y de la mujer. En nuestra misma patria hemos tenido añares la ley laica 1420 por la cual, sí, hay que enseñarle al niño a sumar 1+1=2; 2+2=4; 4+4=8…, pero ¿quién es Dios?, NO. ¿Cuáles son los mandamientos de su Ley? NO. No se enseña a Dios ni en la primaria, ni en la secundaria, ni en la universidad. Quien se forma en esos establecimientos, ¿con qué cultura sale? Con una cultura atea. Y de esas escuelas primarias ateas, de esos secundarios ateos, de esas universidades ateas salen nuestros dirigentes que en última instancia son ateos. No lo serán a lo mejor todos, porque les queda un poco de devoción que les enseñó la madre cuando eran niños, y quieren a la Virgen, y le rezan. Nuestros jóvenes que murieron en Malvinas con el Rosario al cuello lo hicieron, pero eso no se lo enseñaron en la escuela oficial.

Ésta es la triste realidad que se ve ahora en el mundo. He traído ahora de los Estados Unidos y espero que lo puedan ver en todos lados las Servidoras, un video muy duro (a mí me impresionó, me dio asco, y eso que las escenas más escabrosas no las reprodujeron), el video se llama «Hollywood vs. el Catolicismo». Un trabajo hecho en forma interesante, con una presentación que hace Monseñor John Patrick Foley, del Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, donde presentan escenas de películas de Hollywood, donde aparecen «monjas» bailando, o también el caso del teleteatro donde aparecía una que era «monja» de día, y modelo a la noche.; son cosas tan ridículas de las que uno siempre se ha reído. Pero la tesis principal de la película que denuncia el ataque al catolicismo es que nada de lo que sucede en el mundo de las películas está hecho sin intención, todo lleva una intención, la intención ¿cuál es?, es que Cristo no reine. La intención es mentir para que la gente crea todos esos embustes que aparecen en esas películas, pero blasfeman contra Cristo, contra el Papa, contra todos. Presentan siempre a los sacerdotes como tontitos. Nunca van a presentar a uno bien plantado como Dios quiere, como gracias a Dios lo son la mayoría. Todo eso, queramos o no queramos, penetra de una forma u otra, porque esas películas no las verán todos, pero alguno la va a ver y le puede quedar eso.

Hay gente que ha trabajado y trabaja para que Cristo sea un extraño en la sociedad. En nuestros pueblos lo vemos hasta el cansancio. Acaban de declarar los Obispos de América Latina cómo hay grupos que se unen para trabajar en contra del catolicismo; y también se trabaja a nivel mundial para que Cristo sea un extraño en la vida internacional de las naciones y de los pueblos. También, lamentablemente, algunos falsos hermanos, que están con nosotros, pero no eran de los nuestros

(1Jn 2,19), trabajan también para que Cristo sea un extraño en su Iglesia. También en la parte, digamos así, predilecta, preferida de la Iglesia, que es la parte de la vida consagrada, tanto la vida sacerdotal como la vida religiosa, tanto la vida contemplativa como la vida apostólica. Así algunos han llegado a decir disparates respecto a la vocación, desde negar que sea un don de Dios y que es Dios quien da la vocación y que llama a quien quiere, hasta el modo de vivir los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia.

 

Por eso que en este día de Cristo Rey debemos pedirle a Él la gracia de que realmente Él reine en cada uno de nosotros, reine en nuestra Congregación, reine en la Patria, reine en todo el mundo. La fiesta de Cristo Rey que instituyó el Papa Pío XI quiso ser una vacuna contra las plagas, que ya había en aquel entonces y ahora están mucho más extendidas, del laicismo o secularismo o desacralización, que en el fondo es todo lo mismo, ya que es no querer que Cristo reine.

 

Hoy día se sigue repitiendo el grito impío: no queremos que éste reine sobre nosotros (Lc 19,14). Por eso cada vez que recemos el Padrenuestro, cuando digamos venga a nosotros tu reino (Mt 6,10), démonos cuenta que estamos pidiendo a nuestro Padre Celestial que venga a nosotros el reino de su Hijo, que nosotros queremos que Él reine en nosotros, que queremos extender ese reino de justicia, de verdad, de amor y de paz.

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